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Ruta de 7 días por Marruecos

Si se dispone de una semana de vacaciones fuera del verano, Marruecos emerge como una gran opción para los viajeros más aventureros. En menos de dos horas de vuelo directo se puede llegar a nuestro país vecino. Todo un choque cultural que nos transporta a otro mundo.

Nuestra ruta de 7 días por Marruecos nos llevó desde Marrakech hasta Fez, cruzando el Atlas y pasando por Uarzazate y los Valles de Rosas y del Dadès. Pasamos una noche en el desierto de Erg Chebbi y seguimos hacia nuestro destino final de Fez.

Un auténtico viaje de contrastes que nos permitió conocer mucho mejor este país con una larga e interesante historia.

DÍA 1: MARRAKECH

Cogimos un vuelo a primera hora de la mañana hacia Marrakech, seguramente la ciudad más visitada del país. Un chófer del riad nos recogió en su moderno aeropuerto y en menos de 20 minutos ya nos encontrábamos en el centro neurálgico de Marrakech: la plaza Yamaa el Fna. Por la mañana, se pueden ver encantadores de serpientes, monos encadenados a sus dueños y vendedores de todo tipo de zumos que compiten por conseguir nuevos clientes.

Mezquita de la Kutubía (Marrakech)

Muy cerca de allí se encuentra la Mezquita de la Kutubía. Tiene 70 metros de alto y es el edificio más alto de Marrakech. A pesar de no poder entrar a visitarla, vale mucho la pena acercarse e, inevitablemente, acordarse de La Giralda sevillana.

Nosotros dedicamos el resto del día a pasear por los zocos de la medina. Y por la tarde, nos dimos el lujazo de ir a un hammam para hacernos tratamientos corporales y un masaje.

Por la noche, volvimos a cenar a la plaza Yamaa el Fna. Docenas de chiringuitos con sus respectivos comerciales ofrecen al visitante sus platos deliciosos a precios razonables.

DÍA 2: MARRAKECH

Al tener la popular Madraza de Ben Youssef en obras durante tres años, dirigimos nuestros pasos hacia otras zonas interesantes de Marrakech. El Palacio de la Bahía es, seguramente, la mejor de todas las visitas que hicimos en la ciudad. Construido por el visir Si Musa a finales del siglo XIX, este palacio tiene decenas de salas, patios y jardines que vale la pena admirar y fotografiar.

Palacio de la Bahía (Marrakech)

Seguidamente nos dirigimos al Palacio Badii. Mucho menos atractivo que el anterior, aquí solo encontramos ruinas y un gran patio central donde cuesta refugiarse del calor.

En la misma zona se encuentran las tumbas saadíes. Esta sí es una visita que merece la pena. Se trata del cementerio del sultán Ahmed Al-Mansur ed-Dahbi. La belleza de su tumba es realmente espectacular y merece la pena hacer la habitual cola de turistas para poder contemplarla.

Nuestra jornada finalizó con la visita a un hammam público de la medina. Una experiencia única solo válida para gente poco escrupulosa.

DÍA 3: ATLAS – UARZAZATE – VALLE DE ROSAS

Alquilamos un coche en el aeropuerto de Marrakech. Desde allí arrancamos nuestra ruta hacia Fez, ruta que primero nos llevaría dirección este. El primer paso fue cruzar el Atlas por una carretera que actualmente está en obras y, por lo visto, durarán varios meses. Es un camino con muchas curvas, sobretodo en la primera etapa. Eso sí, permite disfrutar de vistas espectaculares de esta sierra, una de las más altas del continente africano.

Después de algunas horas de conducción se llega a la espectacular Aït Benhadu. Esta pequeña población es más que conocida por haber sido el escenario de películas como Gladiator, Lawrence de Arabia o Alejandro Magno. Un auténtico plató de cine protegido por la UNESCO.

Aït Benhadu

La ruta cinematográfica continua hasta llegar a Uarzazate, ciudad que cuenta con estudios preparados para el rodaje de superproducciones. Si se quiere, se pueden visitar los Atlas Film Corporation Studios para realizar circuitos guiados. En la misma Uarzazate merece la pena detenerse en el Taourirt Kasbah, el castillo bereber desde el que se puede conocer mejor esta cultura local.

Nuestro camino se detuvo en el Valle de Rosas. En esta zona hay varios pueblecitos en los que el visitante puede alojarse en una hotel o casa regentada por auténticos bereberes. Nosotros escogimos un AirBnB en Ait Ouassif. A pesar de no tener el mayor de los conforts, la experiencia valió mucho la pena para descubrir la realidad de esta minoría mayoritaria en Marruecos.

DÍA 4: VALLE DEL DADÈS – MERZUGA

La ruta hacia el desierto es larga, así que bien temprano tocaba seguir camino. El primer alto tiene que hacerse en las espectaculares Gargantas del Dadès. Las montañas color rojizo se entremezclan con enormes palmerales y riachuelos de agua fresca. Una combinación de colores que impresiona al visitante. La ciudad de Tinghir ofrece vistas fantásticas de esta paleta de contrastes.

Muy cerca se encuentra la Garganta del Todra, un impactante desfiladero con paredes de hasta 300 metros de altura. El desvío en el camino bien merece la pena.

El último tirón de carretera nos permite llegar a Merzouga antes del atardecer. Conviene tener reservada la noche en el desierto antes de llegar, ya que los tours se cogen en hoteles repartidos por varios kilómetros de la zona.

Desierto Erg Chebbi

Hay decenas de opciones para acampar en el desierto. Eso sí, la sensación que nos llevamos es que la experiencia de dormir en los campamentos en Erg Chebbi es poco auténtica. La sobreexplotación de la zona hace temer que la belleza del lugar acabe siendo afectada por la voracidad de los empresarios que operan aquí.

DÍA 5: IFRANE – FEZ

Ver la salida del sol entre las dunas del desierto y pasear en camello son experiencias realmente difíciles de olvidar. Una vez vividas, toca volver al coche y hacer largo camino hacia Fez.

Dromedarios en Erg Chebbi

Nuestras únicas paradas fueron para comer en el pueblo de Midelt y merendar en Ifrane. Allí nos detuvimos en el Parque Nacional para ver los monos autóctonos que viven en esta zona del Atlas Medio. Seguimos hacia la misma población de Ifrane, construida en la década de 1930 y que imita a las localidades suizas por sus edificios y parques. Toda una sorpresa para el turista que visita Marruecos.

Después de dejar el coche en el aeropuerto de Fez, nos dirigimos a la medina, donde nos esperaba nuestro riad para los últimos días de viaje.

DÍA 6: FEZ

Esta ciudad es pura historia viva y no dejará indiferente al visitante. Sus callejuelas, los olores, la comida y su gente son las señas de identidad de Fez. Es precisamente en el paseo por la medina donde el viajero debe estar atento a no caer en las trampas de los jóvenes que intentan convertirse en guías a cambio de algunas monedas. O algo más. El juego consiste en llegar casi al acoso del turista, por lo que nuestra recomendación es no responder a sus comentarios, en algunos casos ofensivos.

La ruta del primer día pasa inevitablemente por la visita a fondo de la medina. Empezamos por la puerta azul de Bab Bu Yelad, desde allí caminamos por los diferentes zocos que se van sucediendo: comida, alfombras, babuchas, ropa y regalos para bodas… todo cabe en la medina de Fez.

Curtidurías de piel de Chauwara (Fez)

En este paseo, hay que entrar en las interesantes Madrazas Bu Inania y el Attarine, fotografiar desde la puerta la Mezquita Kairauine y visitar las curtidurías de Chauwara. Para poder ver (y oler) el proceso tradicional de producción de cuero, la opción inevitable es subir a alguna de las terrazas con vistas a estos patios interiores. El precio a pagar por el guiri es comprar alguno de sus productos.

Si se quiere salir de los típicos puestos de comida local, os recomendaría dos restaurantes que nos gustaron: el Café Clock y el Ruined Garden.

DÍA 7: FEZ

La segunda jornada en Fez se puede dedicar al Fez el Yid (Nuevo Fez). Es un área colindante a la medina en la que hay varios puntos de interés. Primero arrancamos por los bonitos jardines de Bu Yelud; todo un oasis de calma y vegetación en la cálida Fez. Seguimos camino hacia el Palacio Real, que solo puede verse desde el exterior. Esta es una ciudad enamorada de su rey, Mohammed VI, cuya esposa es de Fez. Todas las tiendas tienen alguna foto familiar del monarca y se toman muy a pecho cualquier comentario que no alabe su figura.

Jardines de Bu Yelud (Fez)

Tras las fotos en la puerta del Palacio toca continuar por el colindante barrio judío. En la Rue des Mérinides se pueden ver edificios muy diferentes al del resto de la ciudad con siglos de historia. Allí aprovechamos para conocer la sinagoga Ibn Danan y contemplar las vistas del cementerio judío, visible desde la terraza superior.

Nuestro viaje finalizó con un tratamiento hammam en nuestro riad. Con el vuelo nocturno de vuelta cerramos una semana llena de contrastes que, en general, nos dejó muy buen sabor de boca.

Fotos: Kevin Kwik

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