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Viatges

Aunque probablemente no es el mejor mes para viajar a Filipinas, este increíble país ofrece grandes lugares para visitar si se tiene flexibilidad y algo de paciencia. Al tratarse de la época de lluvias y debido a la poca fiabilidad de la mayoría de las webs meteorológicas a medio plazo, la suerte acaba siendo clave para escoger la mejor ruta. A pesar de eso, os recomiendo al 100% dedicar un verano a esta maravilla de la naturaleza. Éste fue nuestro viaje:

DÍA 1: Salida de Barcelona
Vuelo con Turkish Airlines con escala en Estambul (para escalas de más de 6 horas con esta compañía, no os perdáis el Touristanbul, del que os doy consejos en esta otra entrada).

DÍA 2: Llegada a Manila
Aterrizamos en la capital de Filipinas sobre las 19h. Teniendo malas referencias sobre la ciudad y con poco margen para coger un vuelo local hacia la siguiente escala, decidimos reservar un hotel cerca del aeropuerto con transporte incluido en el precio final.

DÍA 3: Vuelo directo a El Nido
Sin duda una apuesta arriesgada. Ir a Palawan en la zona oeste del país en agosto puede suponer el encadenar jornadas enteras de lluvias intensas. No fue el caso de nuestro primer día en este paraíso natural. Al llegar al pequeño aeropuerto de la isla, ya se puede comprobar que estamos en un paraje único. Después de comer en la misma capital, cogimos un triciclo motorizado que nos llevó a la preciosa playa de Marimegmeg. Allí pasamos la tarde, entre baños, fotos y cocktails en uno de sus fantásticos chiringuitos. Por la noche, cenamos en uno de los restaurante a pie de puerto de El Nido.

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Diversión garantizada en El Nido

DÍA 4: Tour C en El Nido
En El Nido se ofrecen varios tours por las islas cercanas de un día, denominados de la A a la D, y que incluyen la comida en el mismo barco. Según la mayoría de blogs que habíamos consultado, el A y el C son los mejores. Nosotros hicimos el C, que incluye la visita a Helicopter Island, Secret Beach, Matinloc Shire i Hidden Beach. A pesar de que en algunos momentos nos llovió, disfrutamos de una gran jornada, haciendo snorkeling en auténticos paraísos marinos. Vimos todo tipo de peces tropicales y pudimos contemplar una de las playas más bonitas del mundo: la Hidden Beach, absolutamente perfecta y espectacular. A la vuelta del tour, ducha calentita, relax y cena por el pueblo.

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Peces payaso; un clásico en los mares de Filipinas

DÍA 5: Lluvia en El Nido
El día temido llegó… ¿qué hacer en El Nido si llueve a mares? Poca cosa la verdad. Los tours se cancelan, las actividades locales como el trekking y la vía ferrata se suspenden y el pueblo no ofrece muchas alternativas bajo cubierto, por lo que las opciones se limitan. Vale la pena tomarse el día de descanso: leer, ver películas o ir a tomar algo en alguno de los bares del centro. Y cruzar los dedos para que el tiempo de los siguientes días sea más benévolo.

DÍA 6: El Nido – Coron
Para viajar entre El Nido y Coron hay dos tipos de barco: el rápido que tarda unas 4,5 horas (1.750 PHP) y el lento que hace el trayecto en 6,5 horas (1.200 PHP con comida incluida). Nosotros nos decantamos por el segundo, especialmente por la hora de salida, que era a las 9 de la mañana y no a las 6 como el rápido. El barco es viejo e incómodo, pero forma parte de la experiencia de un viaje por Filipinas. A la llegada a la Ciudad de Coron se descubre un pequeño pueblo portuario, bastante caótico y sucio. Nosotros nos alojamos en un resort llamado Balinsasayaw, en la cercana isla de Uson. Nos vinieron a recoger y ya pasamos las últimas horas del día descansando y contemplando el espectacular paisaje que ofrece la auténtica isla de Coron, toda una muralla vertical de roca y vegetación tropical.

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Decenas de playas espectaculares en las cercanías de Coron

DÍA 7: Tour en Coron
El tour principal de la zona consiste en visitar varios destinos increíbles en la isla de Coron, una reserva natural imprescindible. Allí se puede hacer snorkel en Siete Pecados, ver un barco hundido en el Skeleton Wreck o bañarse en los lagos de agua dulce de los Twin Lagoons o de Kayangan Lake. Este tour se puede reservar tanto en la ciudad como en la mayoría de hoteles. Con salida sobre las 9 de la mañana y vuelta alrededor de las 4.30 de la tarde es sin duda una visita obligatoria. Hay que decir que esta visita organizada nos lleva a lugares bastante saturados de turistas, por lo que hay que tener cierta paciencia e intentar disfrutar de los espacios compartiendo trayecto con cientos de personas de todo el mundo.

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Ideal para el snorkeling: Siete Pecados en Coron

DÍA 8: Visitas en Coron
Relax. Después de varios días sin descanso, bien merece la pena disfrutar de las playas cercanas al hotel, hacer snorkelling y, en nuestro caso, comer en uno de los muchos restaurantes que se encuentran en la avenida principal de la Ciudad de Coron. Además, aprovechamos para reservar un tour privado en barco para el día siguiente. Se tiene que contratar justo al lado del Mercado Público, en la Asociación de Barcos Turísticos, donde disponen de una tabla de precios prefijados para las rutas por las playas, islas y lugares de buceo de la zona. Sin duda, una opción más que recomendable para grupos de más de dos personas. Después de reservar la ruta, nos fuimos a las aguas termales de Makinit. Están situadas a 20 minutos en triciclo del centro de la Ciudad de Coron (unos 200 PHP por trayecto). Son unas ‘hot springs” pequeñas pero curiosas; aguas marinas calientes con buenas vistas que por un precio económico (200 PHP por persona) nos permiten relajarnos y acabar el día con las pilas cargadas.

DÍA 9: Tour privado en Coron
La ruta privada en barco ofrece la opción de visitar los lugares de la Isla de Coron que no se hayan podido descubrir en la ruta clásica. Además de ser puntos mucho menos concurridos, se disfruta del tiempo que uno quiere en cada sitio, por lo que sin duda es una alternativa excelente para disfrutar de los maravillosos parajes que ofrece esta isla. En nuestro caso, visitamos cinco lugares. Los dos primeros incluían lugares para hacer snorkelling: Twin Peaks y Coral Garden. Sus corales y peces de colores son espectaculares. Después nos dirigimos a una playa de película: Atwayan. Allí pudimos comer en uno de los merenderos de madera preparados para los tours, tomar el sol y disfrutar de la espectacular belleza de las rocas, plantas y árboles de la costa. Finalmente, acabamos el recorrido en la tranquila playa de CYC, justo al lado de nuestro resort. Una gran experiencia que tan solo costó 4.900 PHP para las cuatro personas (incluyendo la comida y las tasas de las paradas en la Isla de Coron).

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Playas de ensueño como la de Atwayan en Coron

DÍA 10: Coron – Panglao
Philippine Airlines y Cebu Pacific ofrecen vuelos a buen precio hacia la zona de Cebu desde Coron. Una vez llegados a esta gran ciudad se puede dar el salto en un par de horas en barco hacia la maravillosa Bohol; concretamente a la zona de Panglao. Desde el aeropuerto de Cebu hay que coger un taxi (los blancos son más económicos) y dirigirse al puerto de Cebu. Es un trayecto de media hora y unos 250 PHP. En el puerto hay varias compañías que viajan a Tagbilaran, la capital de Bohol. Desde allí, por unos 500 PHP, los taxis te trasladan hacia Alona Beach, la zona más concurrida y turística de Panglao. Allí teníamos nuestro hotel a pie de playa. Por la noche, lo más interesante es pasear por la playa y las calles principales para buscar un bar y tomarse una San Miguel fresquita o un restaurante para cenar. La oferta es amplia y para todos los gustos y presupuestos.

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Espectacular la playa de Alona Beach en Panglao

DÍA 11: Open Water en Panglao
Dedicamos tres de los días en Panglao a sacarnos el título Open Water de buceo. En Alona Beach hay muchas escuelas de buceo, algunas de ellas regentadas por españoles, para poder realizar inmersiones o sacarse títulos oficiales PADI. Nosotros fuimos a Bohol Divers y estamos muy satisfechos del servicio y el trato de Sara, Pelayo, Berta y todo el equipo. Por 16.000 PHP (unos 280 euros por ser temporada baja) pudimos hacer el curso en tan sólo tres días. En esta primera jornada hicimos la parte teórica de los vídeos y las inmersiones en la piscina. Un día duro pero necesario para entender todo lo que conlleva aventurarse en este apasionante mundillo. Como acabamos tarde, ya no tuvimos tiempo para hacer nada más ese día.

DÍA 12: Curso de submarinismo en Panglao
Tocaron las dos primeras inmersiones de submarinismo en el mar. ¡Menuda experiencia! Nunca podré olvidar la sensación del primer descenso en el espectacular arrecife que tiene Panglao. La belleza de los corales y la fauna de esta playa, casi a tocar de los bañistas, es alucinante. Peces de mil colores y corales de todos los tamaños y formas nos rodean constantemente. Una experiencia inolvidable y más que recomendable.
Por la tarde, alquilamos unas motos (unos 500 PHP al día, además de ser una opción casi obligada cuando se está en Alona Beach) y nos fuimos a la playa White Beach. Situada a unos 10 minutos de carretera y casi desértica, con sólo algunos locales, es una buena opción para salir de la masificación de nuestra playa.

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Submarinistas en acción en Panglao

DÍA 13: Título conseguido de OWD en Panglao
Por la mañana, últimas dos inmersiones del curso y examen final… ¡aprobados! Para celebrarlo, nos dimos un homenaje para comer y decidimos ir a una de las playas secretas de la zona. Para llegar desde Alona Beach, hay que coger la carretera dirección Panglao City y pasar de largo los dos cruces del pueblo. Se llega a un punto en el que la carretera de cemento se convierte en camino de tierra. Hay que seguirlo hasta un punto en el que no se puede seguir. Allí se pueden aparcar las motos para seguir caminando todo recto por un caminito hasta llegar a una playa paradisíaca que no tiene nombre. Las puestas de sol son espectaculares.

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La fantástica playa sin nombre para ver puestas de sol en Panglao

DÍA 14: Ruta en moto a Bohol
Aprovechando las motos alquiladas, decidimos hacer una excursión a la isla principal de Bohol. Concretamente a las cascadas Mag-Aso, cerca de Antequera. El camino nos supuso poco más de una hora. El recorrido se puede hacer sin muchos problemas yendo hacia Tagbilaran y desde allí seguir dirección norte por una preciosa carretera poco transitada. Para entrar en las cascadas hay que pagar 5 PHP por entrar las motos y otros 20 para ver las waterfalls. Al ir en época de lluvias, el río bajaba muy caudaloso y no pudimos bañarnos. Pero el paisaje nos dejó impresionados. Por la zona hay más cascadas; todo es cuestión de buscar e intentar encontrar alguna que nos guste.
De vuelta, paramos en Tagbilaran y fuimos a su centro comercial más grande, el Bohol Quality Mall, situado en la carretera principal. Es un buen lugar para comer, tomar algo o comprar comida o algo que nos haga falta.

DÍA 15: Panglao – Siquijor
Si se cuenta con algún título de submarinismo, sería un pecado no hacer la inmersión a la isla de Balicasag. Situada a seis quilómetros de Alona Beach, se llega en unos 30 minutos en barco. Se trata de una reserva marina y las escuelas de submarinismo ofrecen salidas diarias por unos 3.300 pesos. Pero ojo; el gobierno filipino solo admite a 150 personas por día en la isla, por lo que es importante reservar con varios días de antelación. El esfuerzo vale muchísimo la pena, ya que las inmersiones se hacen en acantilados submarinos que llegan a los 50 metros, con todo tipo de corales, peces y la garantía de que se verán tortugas marinas.
Y ahora llega la aventura estresante del viaje: cómo ir desde Panglao hasta Siquijor. La falta de información fiable de las compañías de ferris casi nos deja en tierra un día entero. Sólo existe un barco diario express que une las dos islas: es de la compañía Oceanjet y sale a las 10.20 de la mañana. Existe otro ferri, que las oficinas turísticas no promocionan, que sólo sale los lunes, miércoles y sábados a las 20.00. Es mucho más barato y lo utilizan casi en exclusiva los locales. Las reservas hay que hacerlas o en el puerto o en la oficina de la compañía Lite Shipping. Es muy recomendable comprar los billetes con más de un día de antelación, ya que suele ir lleno. Se trata de un barco lento que llega a Siquijor en unas tres horas y media.

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Listos para salir hacia Apo Island desde Alona Beach

DÍA 16: Moto en Siquijor
La zona más preparada para el turismo de Siquijor está al norte de San Juan, al suroeste de la isla. Nosotros nos alojamos cerca de la playa de Paliton. Sinceramente, las playas de Siquijor no son las mejores del país, pero merece la pena pasar unos días en esta isla para disfrutar de sus paisajes y sus gentes. Alquilar una moto puede salirnos por unos 300 PHP por día y es imprescindible para poder desplazarse. Moverse por Siquijor es sencillo: hay una carretera circular en buen estado que rodea la isla y que tiene unos 75 quilómetros. Un buen plan es perderse por ella y los caminos que llevan a playas, cascadas y otras atracciones naturales. En nuestro primer día, decidimos pasar la mañana en las espectaculares cascadas de Lugnason. Allí pudimos saltar desde lianas y los salientes del río, disfrutando de un entorno espectacular. Estas cascadas ofrecen la opción de subir por un camino lateral en el que hay un total de 12 mini cascadas que tienen los nombres de los signos del zodíaco. Comimos en un local filipino cercano y fuimos a hacer snorkel a la espectacular reserva marina de Tubod. Por tan sólo 50 PHP, se puede acceder a una zona reservada para snorkelling situada justo al lado del Hotel Coco Grove Beach Resort. A unos 50 metros de la playa ya se pueden ver fantásticos corales y peces tropicales. Una parada imprescindible si nos gusta la naturaleza. Por la noche (y todas las siguientes en Siquijor) cenamos en el restaurante Dagsa Resto Bar; fantástica comida en un espacio muy bien decorado y con música en directo. Imprescindible.

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¿Listos para saltar desde las cascadas de Lugnason?

DÍA 17: Cascadas y playas en Siquijor
Siguiendo nuestra ruta por la carretera circular de Siquijor, el segundo día en la isla tuvo como paradas las divertidas cascadas de Cambugahay. Por 50 PHP se puede saltar al río en lianas todas las veces que uno quiera. El acceso se hace desde la carretera, y los locales cobran una pequeña tasa por aparcar allí la moto. Después de varios saltos y de comer en un restaurante de carretera, nos dirigimos a la solitaria playa de Cagusua. Allí hay varias calitas en las que descansar y relajarse.

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Como tarzanes en las cascadas de Cambugahay

DÍA 18: Vuelta en moto por Siquijor
El día de la aventura: vuelta completa a la isla en moto. Hay que señalar que la carretera está en buen estado pero que, en caso de ir haciendo paradas, se dedica casi todo el día a recorrerla. Primero nos dirigimos a la ciudad de Siquijor para comprar los billetes del ferry hacia Dumaguete (cuestan entre 100 PHP y 150 PHP). El pueblo en sí no tiene ningún atractivo, como la gran mayoría de poblaciones del país. Seguimos ruta a la búsqueda de la conocida playa de Sandugan. Encontrarla es complicado y, sinceramente, no vale mucho la pena. Proseguimos recorrido en dirección este hasta llegar a Salagdoong. Se trata de una especie de complejo turístico que cuenta con un par de playas interesantes (no espectaculares) y un antiguo parque acuático en desuso. Para entrar hay que pagar una pequeña tasa de acceso con las motos. Es una buena parada estratégica para hacer fotos y comer en su restaurante. Seguimos ruta por la isla, disfrutando del paisaje que rodea la carretera. En nuestro caso, decidimos darnos un homenaje y contratar un masaje en el hotel Coco Grove Beach Resort. Por 700 PHP, nos dieron un épico masaje que nos vino de maravilla. Ver la puesta de sol desde nuestro hotel en la costa norte de San Juan y otra gran cena en el Dagsa Resto Bar, cerraron nuestra gran etapa de Siquijor.

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Puestas de sol de ensueño en Siquijor

DÍA 19: Siquijor – Dumaguete
Bañito en la piscina del hotel y ferry de hora y media hacia Dumaguete, la ciudad más grande de la zona. A pesar de que ya se percibe un ambiente más cosmopolita y urbanita, personalmente no le encontré ningún atractivo especial a la ciudad. Después de comer en el más que atractivo restaurante mexicano Moon Café, dejamos las maletas en el hotel y paseamos por el centro, la zona más concurrida de la población. Aprovechamos para reservar unas inmersiones en Apo Island para el día siguiente en Harold’s Diving y nos dirigimos al centro comercial Robinson, en el que hay comercios y restaurantes de todo tipo.

DÍA 20: Inmersión en Apo
La jornada de inmersión en Apo Island fue intensa. La escuela de submarinismo que cogimos estaba regentada por filipinos y en líneas generales el servicio que nos ofrecieron fue bastante flojo. A pesar de ello, pudimos disfrutar de un paisaje marino increíble, pudiendo ver tortugas, serpientes marinas, bancos de peces enormes y todo tipo de peces tropicales. Muy recomendable realizar inmersiones o snorkelling (si puede ser con otra empresa, mejor que mejor). A la vuelta, paseamos por el bulevar Rizal, una especie de paseo marítimo y nos dimos el segundo homenaje del viaje, con un masaje tailandés de una hora en el Grand Royal Spa por tan solo 250 PHP. Quedamos como nuevos para la última cena y cocktails en Filipinas.

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Aguas turquesas entre Dumaguete y Siquijor

DÍA 21: Dumaguete – Barcelona
Después de un último paseo para hacer las compras finales en el centro comercial Lee, fuimos al aeropuerto de Dumaguete, en el que el viajero no tiene casi ninguna opción de comprar o comer nada. En poco más de una hora llegamos a Manila para acabar cogiendo nuestro vuelo final hacia Barcelona. Tres semanas después cerramos un viaje fantástico donde las playas, selvas y, sobretodo, la gente del país, nos han maravillado.

Anuncis

Seguramente viajar a Japón en agosto no es la mejor opción, pero en nuestro caso no teníamos alternativa. El calor es sofocante y pasear por las ciudades se convierte en un reto diario. A pesar de eso, un viaje al país del sol naciente es una experiencia única que queríamos vivir.

La ruta de 15 días por Japón la teníamos más o menos clara, pero nos dejamos un par de días de margen para poder añadir nuevos destinos durante el viaje. La entrada al país la hicimos por Tokio y la salida por Osaka, una elección que recomendamos, ya que permite empezar por la gran ciudad y acabar con un ritmo de viaje más tranquilo, además de ahorrarnos el retorno a la capital.

1- Tokio: Shinjuku
2- Tokio: Akihabara, Asakusa, Skytree
3- Tokio: Tsukiji, Ginza, Shibuya
4- Tokio: Yoyogi, Omotesando, Roppongi
5- Tokio: Ueno
6- Hakone: Monte Fuji
7- Takayama
8- Takayama – Shirakawa-go
9- Himeji – Kunachiki
10- Hiroshima – Miyajima
11- Kioto: Arashiyama
12- Nara – Fushimi Inari
13- Kioto: Kiyomizudera, Gion, Kawaramachi
14- Kioto: Rokuon-ji, Palacio Imperial
15- Osaka

1- LLEGADA A TOKIO: SHINJUKU

Después de 16 horas de viaje, llegamos al aeropuerto de Tokio Haneda. Pasamos los controles pertinentes y compramos la Suica, una tarjeta recargable que permite usar la red de transporte público de Tokio y varias ciudades del país. Hay que pagar 500 yenes de depósito e ir recargándola a medida que se van haciendo trayectos.

Estábamos alojados en un apartamente de AirBnB en el moderno barrio de Shinjuku, donde está la estación de metro más concurrida del mundo. ¡Una auténtica locura! Después de dejar el equipaje, nos fuimos a cenar a Yakitori Alley, un barrio donde la especialidad son los pinchos tradicionales japoneses; muy recomendable para ver los diminutos restaurantes típicos del país y poder comer al estilo local.

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Barrio de Shinjuku en Tokio

Ya cenados, seguimos paseando por la zona más conocida de Shinjuku, con una vida nocturna muy movida. Allí está el barrio rojo, discotecas y el Robot Restaurant, una sala con espectáculo de robots. Descartamos ir por su elevado precio (8.000 yenes) aunque se ve que es una auténtica frikada japonesa.

2- TOKIO: AKIHABARA, ASAKUSA, SKYTREE

El barrio de Akihabara te muestra el Tokio que todos imaginamos; edificios llenos de carteles coloridos e iluminados, centros comerciales repletos de tecnología y música a todo trapo. La mejor opción es ir en domingo, ya que las calles se cortan al tráfico y pasear por ellas es una auténtica gozada. Además de encontrarte con muchísima gente, puedes tener la suerte de ver a ‘maids’ (chicas vestidas como niñas) y personas disfrazadas al más puro estilo manga.

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Barrio tecnológico de Akihabara en Tokio

Respecto a las compras en Akihabara, nosotros no coincidimos con una época de buen cambio yen-euro, por lo que en las tiendas Apple no nos valía la pena comprar nada. En cambio, las cámaras de fotos de las principales marcas japonesas estaban a un precio increíble, por lo que acabamos adquiriendo una Nikon a la mitad del precio que en España.

Como contraste absoluto, y muy cerca de Akihabara en metro, está el barrio de Asakusa, con calles peatonales, pequeñas tiendas de ropa tradicional japonesa y souvenirs típicos del país. Un paseo por sus calles te muestra la otra cara de la capital nipona. Vale la pena acercarse al Templo Sensoji y darse una vuelta por la calle Nakamise y alrededores.

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Vistas nocturnas de Tokio desde el Skytree

Para acabar el día, una caminata de media hora nos llevó hasta la espectacular torre Tokio Skytree, donde se tiene una visión de 360 grados de la metrópolis a 350 metros de altura. El precio es de 2.400 yenes (1.000 yenes más si se va por la cola rápida) pero es una experiencia que vale la pena, sobretodo si se llega al atardecer, cuando se puede tener vistas de día y de noche de la increíble Tokio.

3- TOKIO: TSUKIJI, GINZA, SHIBUYA

El archiconocido mercado de pescado de Tsukiji cierra sus puertas en noviembre de 2016, por lo que fuimos unos afortunados al poder visitar sus puestos antes del traslado a unas instalaciones más modernas. A partir de las 10 de la mañana se puede entrar al espacio donde se hacen las subastas de pescado. Alrededor de la lonja, hay un mercado con restaurantes, puestecitos de comida y souvenirs que valen la pena visitar.

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Antiguo mercado del pescado de Tokio

A unos minutos de camino se encuentra el exclusivo barrio de Ginza, la Quinta Avenida de Tokio. Las tiendas más caras y elitistas se encuentran en esta zona cerca de la enorme estación de Tokio. Justo al lado se encuentra Maruonochi, con el imponente Palacio Imperial, también llamado Castillo de Edo. Supuestamente tiene una parte abierta al público, pero nosotros lo encontramos cerrado.

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Castillo Edo en Tokio

Volvimos al apartamento a descansar y por la tarde fuimos al imperdible barrio de Shibuya. Además de tener enormes centros comerciales y una población más joven y moderna, es obligado como buen ‘guiri’ ver el paso de peatones más espectacular del planeta. Miles de personas pasan por allí cada hora; las fotos, vídeos y ‘time lapses’ desde todos los ángulos son una diversión fantástica en este lugar tan famoso.

4- TOKIO: YOYOGI, OMOTESANDO, ROPPONGI

Uno de los fiascos de Tokio fue no poder ver el Museo Ghibli. Situado en las afueras de la ciudad, descubrimos allí mismo que había que reservar las entradas con antelación en los comercios Lawson y que durante todo el mes de agosto las entradas estaban agotadas.

Nos repusimos visitando el gran parque Yoyogi, una buena opción para superar el intenso calor de Tokio en agosto. Dentro se encuentra el santuario sintoísta Meiji Jingu, rodeado por cerca de 100.000 árboles centenarios. Saliendo del parque se encuentra otra de las calles comerciales más conocidas de la ciudad: Omotesando. Gente joven, tiendas modernas y buen ambiente son las características de esta zona.

La opción nocturna de este cuarto día en Tokio fue Roppongi, uno de los barrios con más marcha de la capital. Después de cenar fuimos a un karaoke, una experiencia más que recomendable sobretodo si se viaja con amigos. Se paga una sala por horas y las bebidas van a parte. Además de pasarlo en grande es muy divertido espiar lo que hacen los japoneses en sus salas…

5- TOKIO: UENO

En nuestras vacaciones, el quinto día en Tokio cayó en domingo, por lo que decidimos volver a Akihabara a hacer nuestras compras de tecnología aprovechando que las calles del barrio se cierran al tráfico este día de la semana.

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Calles comerciales en el barrio Ueno en Tokio

Después nos dirigimos en metro al cercano barrio de Ueno, donde se encuentra uno de los parques más bonitos de Tokio. Allí se puede pasear por los pequeños templos y el espectacular estanque Shinobazu, donde sólo se ven nenúfares gigantes que cubren toda su superficie. Acabado el paseo, toca caminar por las calles de debajo la línea del metro, que tienen un montón de tiendas y bares.

6- HAKONE: MONTE FUJI

Activamos el Japan Rail Pass (JPR) de 7 días y cogimos nuestro primer Shinkansen, el fantástico y puntualísimo tren de alta velocidad de Japón. Hicimos parada en Odawara, a tan sólo 35 minutos de la estación de Tokio. Allí contratamos el Hakone Free Pass; por 4.000 yenes se pueden coger todos los transportes de la zona durante dos días. La verdad es que vale mucho la pena, ya que hay una ruta turística en la que coges funicular, teleférico, barco pirata (¡sí, un barco pirata!) y autobuses. Durante ese recorrido se puede ver el Monte Fuji en un par de localizaciones. Nosotros pudimos admirarlo, aunque la cumbre estaba cubierta por nubes.

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Moverse a toda velocidad en Japón con los trenes Shinkansen

Nos alojamos en el pequeño pueblo de Gora, en el más que recomendable Hakone Tent. Un albergue-ryokan regentado por un grupo de japoneses jóvenes y con un ambiente acogedor y modernillo que nos encantaron. Además cuenta con un ‘onsen’ (baño termal) privado incluido en el precio que es fantástico después de un largo día de turismo.

7- TAKAYAMA

Gracias a la extraordinaria red del JPR tardamos 4 horas en llegar de Odawara a Takayama, situada en los Alpes Japoneses. El trayecto de Nagoya a esta pequeña población es realmente espectacular, con las vías del tren pasando justo al lado de paisajes idílicos de montañas y ríos preciosos.

Takayama cuenta con un casco antiguo de película, con todas las casas del mismo estilo tradicional pintadas de negro. Además de comprar productos típicos de la zona, vale la pena probar el sake, especialidad de la ciudad. En los paseos por las calles de Takayama es una auténtico goce pararse en los mercados y alguno de sus numerosos museos.

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Pasear por las calles de Takayama, en los Alpes Japoneses

En nuestro viaje nos alojamos en un apartamento dentro de un ‘sento’, los baños públicos no-termales de Japón. Allí pudimos descubrir uno de los hábitos diarios de la población local, donde la higiene personal forma parte de la cultura más arraigada. También tuvimos la suerte de coincidir con un festival anual de fuegos artificiales al lado del tori del puente de Miyamae-bashi. Fue realmente espectacular.

8- TAKAYAMA – SHIRAKAWA-GO

Ir a Shirakawa-go es una excursión obligada desde Takayama. Existe la opción de contratar un tour organizado en la estación de autobuses, pero nosotros nos decantamos por visitar el pueblo por nuestra cuenta. En la misma estación se pueden comprar los billetes de ida y vuelta a Shirakawa-go por 4.200 yenes por persona. No es barato, pero merece mucho la pena. En 50 minutos se llega a esta población, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sus más de 140 construcciones tradicionales Ogi-machi, al estilo Gassho, son únicas en el mundo. Sus techos en forma triangular están hechos con hierba seca ‘kariyasu’ recogida en otoña. Cada 40 años aproximadamente se renuevan los techos gracias a la colaboración de todo el pueblo.

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Shirakawa-go, visita obligada desde Takayama

El entorno de Shirakawa-go es precioso. Desde el mirador se puede admirar la belleza del paisaje de este pequeño valle de los Alpes Japoneses. Todas las calles están bien cuidadas, con flores, estanques llenos de nenúfares y canales con peces. Un lugar idílico donde pasear tranquilamente y hacer una sesión de fotos única.

Después de esta excursión de medio día, es un buen momento para descubrir nuevos rincones de Takayama. Para cenar es muy recomendable probar la carne de ternera ‘hida’, típica de la región y extremadamente deliciosa.

9- HIMEJI – KUNACHIKI

Para evitar un larguísimo trayecto entre Takayama e Hiroshima, decidimos hacer dos cortas paradas en un mismo día aprovechando el JPR. Después de 4 horas de camino llegamos a Himeji, conocida por su histórico castillo. Situado muy cerca de la estación de tren, esta visita se puede hacer cómodamente en 3 horas, por lo que dejamos las maletas en las taquillas de la estación y nos dirigimos andando hacia el castillo, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

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Castillo de Himeji

El Castillo de Himeji es el más grande y antiguo de Japón, y la construcción de madera más alta del país. Fue construido hace 400 años y se caracteriza por su color blanco; de hecho es conocido como el “castillo de la grulla blanca”. La fortificación es espectacular y todos los detalles de su construcción lo convertían en un castillo casi inexpugnable. No es difícil hacer el recorrido por sus pasadizos, escaleras y jardines e imaginarse en la época feudal japonesa con ninjas y samurais en plena batalla.

Seguimos el camino hacia el oeste del país haciendo parada en Kurachiki, donde dormimos en un hotel al lado de la estación del tren. Antes, salimos a conocer las calles de “la Venecia japonesa”, como también es conocida esta ciudad. Todos los lugares de interés quedan cerca, por lo que un paseo al atardecer nos lleva a los bonitos canales llenos de puentes, carpas y árboles. El centro histórico es precioso, así como el pequeño monte con un hermoso templo y un cementerio que transmiten paz y tranquilidad. De vuelta al hotel, hay unas galerías repletas de bares, restaurantes y locales de ocio. La impresión general es que en esta ciudad el ambiente es muy relajado; parece que incluso las estrictas normas culturales japonesas son aquí menos exigentes.

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Canales venecianos en la histórica Kurachiki

10- HIROSHIMA – MIYAJIMA

Para llegar desde Kurachiki hasta Hiroshima con el Japan Rail Pass hay que hacer enlace o en Okayama o en Fukuyama. En una hora y cuarto de trayecto llegamos a la tan tristemente conocida ciudad de Hiroshima. Sus principales puntos de interés quedan muy cerca entre ellos y gracias al JPR el autobús turístico de la ciudad es totalmente gratuito, algo muy recomendable si se va durante el verano, ya que nos ahorra las caminatas a pleno sol.

La primera parada es en el castillo de Hiroshima, reconstruido después de la destrucción de la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial. Después de ver el castillo original de Himeji, decidimos no entrar, pero vale la pena acercarse. La siguiente visita es la mítica Cúpula de la Bomba Atómica, uno de los pocos edificios que se mantuvo en pie tras el lanzamiento de la bomba. Convertido en Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, impresiona entender el significado de esta construcción para la ciudad. Es muy recomendable sentarse unos minutos enfrente de la Cúpula, donde unos activistas anti-nucleares tienen unos dosieres con información sobre el lanzamiento de la bomba y qué llevó a los Estados Unidos a cometer esta atrocidad.

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Cúpula de la Bomba Atómica en Hiroshima

Justo cruzando el río, se llega al Parque Memorial de la Paz, con numerosos puntos de interés, como el Monumento de los Niños y la Paz, la Llama de la Paz (que sólo se apagará cuando desaparezcan las armas nucleares del planeta) y el Monumento en Memoria de las Víctimas de la Bomba Atómica. Respecto al Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, decir que nos pareció poco interesante, además de tener varias zonas cerradas por obras estaba increíblemente masificado de turistas.

Después de esta intensa visita matinal, tocaba reponer fuerzas y relajarse. Por eso decidimos ir de visita a la impresionante isla de Miyajima. Cogiendo el tranvía de la ciudad hasta la estación de Nishi-Hiroshima se puede coger el tren Japan Rail local (incluido en nuestro pase JPR) hacia la estación de Miyajima-guchi, donde se coge el ferry Japan Rail que en 10 minutos te lleva gratis hasta la isla de Miyajima. En este trayecto es un buen momento para admirar y fotografiar el impactante tori rojo rodeado de la belleza natural de la isla. Una vez desembarcados, paseamos por la costa donde nos encontramos con ciervos y templos que le dan todavía más magia al lugar. Compramos unas cervezas en uno de los súpers del pueblo y desde la playa enfrente del tori rojo pudimos contemplar una de las puestas de sol más impresionantes que se pueden ver. Vale la pena saborear este momento y esperar a la noche para disfrutar del monumento iluminado. El ferry de Miyajima funciona hasta más tarde de las 22 horas, por lo que el retorno a Hiroshima no tiene ninguna complicación. Aunque si se tiene la oportunidad de alojarse en la isla, merece la pena (nosotros no encontramos ningún hotel ni ‘ryokan’ disponibles en agosto).

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Puesta de sol en la isla de Miyajima

11- KIOTO: ARASHIYAMA

En dos horas de Shinkansen se hace el trayecto entre Hiroshima y Kioto, una de las perlas de Japón. La estación de Kioto es espectacular y también el centro del transporte de la ciudad. Nosotros nos alojamos en el barrio de Arashiyama, uno de los lugares imprescindibles para visitar aunque un poco alejado del centro.

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Puente de Arashiyama

En este barrio hay un casco antiguo precioso, justo después del puente de Arashiyama Koen. El paisaje alrededor de esta zona es maravilloso, con bosques, montañas y un río lleno de vida. Seguramente el lugar más mágico de Arashiyama, además de todos sus templos y parques, es el Bosque de Bambú. Situado muy cerca del centro del barrio, un breve paseo nos lleva hasta este espacio mítico de Japón. A mí me pareció más pequeño de lo que imaginaba, pero es sin duda un lugar para visitar.

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Bosque de bambú en Kioto

En el área de Arashiyama hay varios ‘onsen’; nosotros optamos por ir al más moderno de Sagano Tenzan no Yu. Es una de las grandes recomendaciones del viaje y una manera de entender la forma de vida de los japoneses. La higiene es fundamental dentro de la cultura del país y en los ‘onsen’ se puede comprobar de primera mano.

12- NARA – FUSHIMI INARI

Con las fuerzas recuperadas, arrancamos el día cogiendo el tren que en unos 40 minutos nos lleva hasta Nara. La que fuera también capital de Japón entre los años 710 y 784 bien merece una visita de mínimo medio día. Varios de sus edificios están declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y es muy divertido pasear por el Parque Nara rodeado de ciervos que vienen a pedirte comida constantemente. La experiencia de darles las galletas que venden los locales es casi obligada.

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Ciervos en el Parque de Nara

Si se visita Nara con el tiempo justo es recomendable ir a los tres templos más importantes. De camino al Kasuga Taisha hay cerca de 2.000 faros de piedra rodeados de naturaleza. Durante pocos días a mediados de agosto se encienden por la noche, creando un ambiente místico increíble. El segundo templo a visitar es el Todaiji, conocido por ser el edificio de madera más grande del mundo y por albergar un Gran Buda de enormes dimensiones. Finalmente, de camino de vuelta a la estación de tren, nos encontramos con el templo Kohfukuji, célebre por su hermosa pagoda.

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Templo Todaiji, la construcción de madera más grande del mundo

Desde el mismo Nara se puede coger un tren que dos estaciones antes de llegar a la estación central de Kioto nos deja justo enfrente del archiconocido templo de Fushimi Inari. Sus miles de toris rojos se convierten en el camino a seguir durante un recorrido de montaña de 4 quilómetros. Al principio se acumulan muchísimos turistas, pero el largo recorrido permite encontrar rincones únicos donde admirar el paisaje en solitario y hacer decenas de fotografías con estas estructuras de madera, patrocinadas por empresas que las compran e instalan para tener buena fortuna en sus negocios. Es interesante hacer la subida por el camino de los ‘toris’ rojos y bajar por la zona de pequeños templos familiares de piedra hasta la estación de tren.

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Miles de toris rojos en el templo Fushimi Inari

13- KIOTO: KIYOMIZUDERA – GION – KAWARAMACHI

Kioto es conocida especialmente por sus templos. Lo comprobamos con la visita al espectacular Kiyomizudera, un conjunto de construcciones sagradas situado en lo alto de una colina al este de la ciudad. A este templo se llega después de pasar por una calle de tiendas turísticas con bastante encanto. Una vez en Kiyomizudera se puede empezar el largo recorrido por sus diferentes edificios, todos ellos situados alrededor de una vegetación espectacular y con unas vistas impresionantes de Kioto. Seguramente el espacio más concurrido es el mirador de uno de sus templos, construido a 13 metros sobre el suelo con una estructura de madera en la que no hay un solo clavo. El recorrido por este templo tiene mucho encanto y merece la pena dedicarle unas 2 o 3 horas.

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Mirador en el Templo Kiyomizudera

Bajando de la colina llegamos a otro barrio con encanto de la ciudad: Gion. Supuestamente si se va a partir de las 17 horas puedes encontrarte con geishas que hacen de acompañantes a personas que van a cenar a los restaurantes más exclusivos de la zona. Nosotros no tuvimos la suerte de verlas, pero sí que pudimos disfrutar de un paseo fantástico por sus calles repletas de casas y restaurantes tradicionales.

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Restaurante tradicional en el barrio de Gion en Kioto

Muy cerca de Gion está la zona comercial de Kawaramachi, donde hay un montón de tiendas en sus galerías cubiertas. Se trata de una muy buena opción para comprar todos aquellos regalos y ‘souvenirs’ que todavía no tenemos para llevar de vuelta a casa.

14- KIOTO: ROKUON-JI – PALACIO IMPERIAL

Otra de las visitas obligadas a Kioto es el Pabellón Dorado, construcción espectacular situada dentro del Templo Rokuon-ji. Construido a finales del siglo XIV, se trata de unos jardines y edificios que buscaban representar la Tierra Pura de Buda en este mundo. De hecho, el entorno es de una belleza más que notable.

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Pabellón Dorado en Kioto, Patrimonio de la Humanidad

Cogiendo un autobús se llega fácilmente al Palacio Imperial, cerca también del Castillo de Nijo-jo. Kioto fue la capital de Japón durante cerca de 1.000 años, por lo que este palacio tiene mucha historia, a pesar de tratarse de una reconstrucción. Durante el paso de los siglos, los edificios de este complejo fueron quemados en diferentes batallas para conseguir el control del Imperio. A pesar de eso, es interesante una visita por este lugar, testigo de la historia de Japón.

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Ceremonia de los faroles flotantes en Kioto

En nuestro viaje tuvimos la suerte de estar el 16 de agosto en el barrio de Arashiyama, por lo que pudimos asistir en directo a la impresionante ceremonia de los faroles flotantes (tourou nagashi). De 19h a 21h se van lanzando faros encendidos de papel al río. Este evento es el punto final a unos días de recuerdo a los familiares muertos, el Obon. Según la tradición japonesa, estos faros sirven para despedir a los difuntos, rezar por las víctimas de todas las guerras y desear paz en el mundo. Fue un magnífico adiós a la ciudad histórica de Kioto.

15: OSAKA

En poco más de una hora en tren local se llega a la vecina ciudad de Osaka, última parada de este viaje increíble a Japón. Decidimos pasar la última jornada en un hotel cápsula situado cerca de la céntrica estación de tren de Namba. En el New Japan Capsule Hotel además teníamos un ‘onsen’ y spa donde pudimos relajarnos antes de explorar brevemente la ciudad.

De entrada Osaka nos pareció la ciudad más moderna y atrevida de las que habíamos visitado. En el barrio de Dotonbori había calles peatonales y galerías comerciales repletas de tiendas y restaurantes con carteles luminosos y música a todo trapo; la sensación de estar en la típica gran ciudad de Japón que te imaginas antes de visitar el país. Merece la pena perderse por las callejuelas y dejarse llevar por el bullicioso ambiente que se respira, especialmente por la noche.

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Skyline nocturno en Osaka, con el superfotografiado atleta de Glico

Muy cerca de la zona de Dotonbori se encuentra el área de American Mura, con bares y tiendas más transgresoras, casi de estilo ‘grunge’, que chocan con todo lo que habíamos visto hasta ese momento en Japón.

Dormir en el hotel cápsula se convierte en la última y sorprendente experiencia de este viaje inolvidable a un país que merece ser visitado en más de una ocasión. ¡Volveremos!

Copenhague es una destinación perfecta para una escapada de fin de semana. Más allá de que los precios sean más caros que en España, un viaje de dos días a la capital de Dinamarca puede salir por un precio razonable.

Nuestro vuelo salió un viernes a las 14.00 y la vuelta la cogimos el domingo sobre las 20:30. El trayecto tiene una duración aproximada de 3 horas desde el aeropuerto de Barcelona. Después de pasar unas 48 horas en Copenhague, éstas son nuestras recomendaciones:

1- Junio, mes perfecto. Al estar situada al norte de Europa, los días durante el mes de junio se alargan, por lo que amanece sobre las 4:30 de la mañana y anochece casi a las 22.00. Parece una tontería, pero como turista se tiene la sensación de aprovechar mucho más los días. Además, la meteorología es mejor que en los meses anteriores, con temperaturas suaves.

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Paseo Nyhavn en Copenhague

2- Vuelos low cost. En la actualidad hay varias compañías que vuelan a la capital danesa. Después de la mala experiencia en el vuelo de ida con Vueling (cancelaron el vuelo sin darnos más explicaciones que un mensaje de texto en el móvil), tenemos que decir que la vuelta con Norwegian fue genial; con precios muy ajustados y con wifi gratis en el avión.

3- Transporte público a la ciudad. Una vez aterrizados, hay varias opciones para llegar a Copenhague. El metro y el tren llegan al aeropuerto; transportes que se suman a los autobuses y los taxis. La red de transporte público de la ciudad es muy buena y no excesivamente cara, por lo que se convierte en una gran opción para moverse de un lado a otro.

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Torre redonda de Rundetarn en Copenhague

4- AirBnb, la solución. Los hoteles, albergues y hostels de Copenhaguen son muy caros, de ahí que la opción AirBnB sea la más viable para los viajeros con menos presupuesto. De hecho, las tarifas por alojarse en los apartamentos de esta plataforma son casi la mitad de baratos. Además, la gran mayoría de pisos tiene ese fantástico estilo nórdico que permiten sentirse totalmente integrado en el país.

5- Alquiler bicicletas. El medio de transporte estrella de la ciudad es la bicicleta, por lo que hay muchas tiendas de alquiler de bicis en Copenhaguen. La tarifa es de unas 90 o 100 coronas al día. La capital de Dinamarca también tiene un servicio de bicicleta eléctrica pública para los turistas que se paga por horas y trayecto. Sin duda, moverse en bici es la mejor alternativa.

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Biblioteca Black Diamond de Copenhague

6- Comprar en súpers y hacer picnic. Con la llegada del buen tiempo, la población de Copenhaguen empieza a hacer vida en la calle. Hemos visto a muchísima gente comiendo y bebiendo cerveza y vino en las calles y parques de la ciudad, por lo que es sin duda una muy buena opción para disfrutar de la primavera danesa al estilo local.

7- Pagar con tarjeta. Para evitar tener que cambiar los euros a coronas, la mejor alternativa es pagar en el mayor número de establecimientos con tarjeta de crédito. Sí que es interesante llevar algo de efectivo en la moneda danesa para pagos pequeños.

8- Brunch completo. Si vais en fin de semana y queréis tomaros con calma vuestra visita a Copenhaguen, os recomendamos tomar un buen brunch sobre las 10 de la mañana. No son baratos, pero este desayuno-comida os permitirá aguantar casi hasta la hora de la cena. Para descubrir los mejores bares y restaurantes para tomar un brunch, buscad los mejor puntuados en la aplicación Foursquare: ¡garantía de éxito!

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Los brunchs de Copenhague, imprescindibles

9- Fácil de planificar. Las dimensiones de la ciudad sumado a la ubicación de las principales atracciones convierten a Copenhaguen en un lugar perfecto para visitar en un fin de semana. Es muy recomendable descargarse alguna de las aplicaciones de turismo de la ciudad que permiten tener un mapa en el móvil sin tener que gastar datos.

10- Población acogedora. Excepto algún caso excepcional, los daneses son extremadamente amables y educados. Son atentos y te echan un cable si te ven despistado. Además hablan perfectamente inglés, por lo que es muy fácil entenderse con ellos.

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Parque de atracciones Tivoli, en el centro de Copenhague

Des de petit, el meu poble ha estat Sant Esteve d’En Bas a la Garrotxa. Poder dir com a ‘xava’ o ‘pixapí’ que has passat els estius de la teva infantesa en aquest tranquil paradís em fa omplir el pit. Sempre és emocionant poder tornar i reviure tots aquells moments que no oblidaré mai. En aquest cap de setmana llarg he recordat molts racons fascinants de la Vall d’En Bas i m’he omplert dels sabors de la comarca, especialment de la seva carn, els embotits i el pa, d’aquell que té gust de poble. Una meravella!

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Però no tot ha estat menjar i dormir! Una bona opció d’oci quan es visita la Vall d’En Bas és agafar unes bicicletes de muntanya i pedalejar per la Ruta del Carrilet, una de les nombroses Vies Verdes catalanes. El traçat total d’aquesta ruta que uneix Olot i Girona és de gairebé 60 quilòmetres, la majoria d’ells força plans. A més de trobar-se en un estat de conservació molt bo i de tenir nombrosos bars i zones de descans durant el recorregut, el més màgic de tot és poder seguir el camí que antigament feia un tren de via estreta que unia les dues ciutats. Et trobes amb racons trets del ‘Senyor dels anells’ o de l’època medieval, amb arbres que et fan ombra creant túnels naturals. Tot això, rodejat de paisatges de mil tonalitats de verd, amb castanyers, roures i alzines, mentre vas passant per sota de ponts de totxo centenari en perfecte estat de conservació. El millor de tot és que es pot fer només un tram de la ruta, anar descansant per admirar les vistes, esmorzar, fer fotografies o simplement respirar l’aire pur de la Garrotxa en bona companyia. Sens dubte, una escapada que us recomano sense dubtar!

INFORMACIÓ PRÀCTICA
1) Les millors èpoques per anar a la Vall d’En Bas, situada a només 7 quilòmetres d’Olot, són finals de primavera, l’estiu i principis de tardor.
2) És una destinació perfecta de cap de setmana, per anar-hi en família o parella.
3) Recentment han obert nous allotjaments turístics, com l’Alberg de la Vall d’En Bas (que lloga bicicletes i està a tocar de la Ruta del Carrilet), que se sumen als hostals, pensions i hotels que podeu trobar a la Vall o a Olot.
4) Web Ruta del Carrilet
5) Si mai no heu estat per la Vall d’En Bas, no podeu deixar de visitar el preciós poble d’Hostalets d’En Bas i aprofitar per dinar o sopar el restaurant L’Hostalet. Això, sí, reserveu hora, que últimament acostuma a estar ben ple.

A l’estiu, les platges d’Eivissa estan saturades de turistes que volen banyar-se i prendre el sol a les seves aigües cristal·lines. Però els nadius i els visitants més experts coneixen alguns racons únics on la tranquil·litat encara és possible durant la temporada alta. Aquestes són les meves 5 recomanacions:

1.-Es Portitxol

Aquesta va ser la gran recomanació d’uns amics eivissencs. Es tracta d’una cala de roques i grava situada a 6 quilòmetres de Sant Miquel. Es Portitxol està aïllada i s’ha de fer una caminada de 20 minuts per un pinar que ofereix vistes espectaculars dels penya-segats de la costa nord de l’illa. L’esforç valdrà la pena, ja que hi trobareu un dels racons més tranquils per banyar-vos i relaxar-vos. Per arribar-hi, s’ha d’anar direcció Sant Miquel. Just abans del bar Can Sulayetas s’ha de baixar a l’Urbanització Isla Blanca. Un cop atravessada per una mala carretera s’arriba a una petita esplanada on hi poden aparcar 3 o 4 cotxes. Aquí hi ha un fletxa blava que indica el camí a seguir per arribar a Es Portitxol.

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2.- Cala des Xuclar

També a la costa nord d’Eivissa hi trobem aquesta cala verge, petita i acollidora, rodejada de roques i pins. Poc transitada i amb un aparcament just a peu de platja, també ofereix la possibilitat de seguir un caminet cap a l’esquerra, on hi trobareu molts racons de pedra plana on poder prendre el sol sense cap altre banyista. A més, compten amb un xiringuito de platja regentat pels germans Tur que ofereixen plats de primera i tracte proper a bon preu. Si us decidiu a anar-hi, feu-ho en cotxe o moto tenint com a poble de referència Portinatx.

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3.- Pedrera Ses Salines

Si no voleu marxar lluny de la ciutat d’Eivissa, teniu l’opció d’anar a una de les platges més conegudes de l’illa: Ses Salines. Però no us quedeu a la zona de bars massificada! Si camineu en direcció a la Torre de Ses Portes hi descobrireu petites cales amagades i rodejades de roques tallades per a construir les muralles de la capital al segle XVI. Alguns artistes hi han esculpit les seves obres a tocar de l’aigua. Són racons màgics on hi trobareu el descans que esteu buscant.

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4.- S’Estanyol

Encara més a prop d’Eivissa capital hi ha S’Estanyol, una cala tranquil·la perfecta per a prendre el sol i gaudir d’aigües turqueses sense haver de fer un llarg desplaçament. A més, està rodejada de bosc i compta amb casetes de pescadors a peu d’aigua que permeten estirar-se i fer una bona migdiada. És molt fàcil arribar-hi: des de Jesús i per l’avinguda Cap Martinet, s’ha de girar pel camp de futbol i seguir el camí durant 1 quilòmetre. A peu de carretera hi ha una roca en què hi posa “S’Estanyol”. En 10 minuts ja hi sereu!

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5.- Punta de Sa Galera

Ben a prop de la massificada Cala Salada, hi ha aquesta espectacular platja de roques llises ideals per a estirar-se i prendre el sol al costat de les transparents aigües del mar. El paisatge és realment increïble i sembla impossible poder estar en un lloc com aquest a Eivissa. Es tracta d’una platja nudista i ‘hippie’ amb molt encant, silenci i poca gent, fins i tot durant el mes d’agost. El camí és senzill de seguir: abans d’arribar a la Cala Salada des de Sant Antoni, a l’esquerra, hi ha l’entrada a una urbanització. Seguint el camí en direcció al mar hi ha un petit aparcament i en 5 minuts caminant arribareu a Punta de Sa Galera.

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La capital de los Estados Unidos tiene mucho que ofrecer para el visitante; de hecho mucho más que una escapada de un día como las que se ofrecen desde Nueva York. Nosotros estuvimos 3 días y pudimos disfrutar de un Washington que se caracteriza por la majestuosidad de sus monumentos y la amabilidad y educación de su gente.

1) Dulles Airport: El principal aeropuerto internacional de Washington está situado a hora y cuarto del centro de la ciudad. Incomprensiblemente no tiene ni metro ni tren hasta allí, por lo que la opción más económica para llegar hasta el centro es coger el autobús 5A hasta Rosslyn o L’Enfant Plaza, dos estaciones de metro que conectan con la ciudad. En este autobús es importante llevar los 7$ exactos del trayecto, ya que no devuelven cambio.
2) Metro: El sistema tarifario varía en función de la distancia del trayecto y de la hora en que se viaja. Mi recomendación es comprar una tarjeta recargable e ir introduciendo dólares en función de los trayectos que se vayan a hacer. Esta tarjeta tiene un coste de 2$, pero en cada viaje se descuenta 1$ de la tarifa que tocaría para el trayecto, así que rápidamente se amortiza el gasto.

Jefferson Memorial

Jefferson Memorial

3) Primavera: Nuestro viaje ha sido en el mes de abril, coincidiendo con el Cherry Blossom National Festival. La floración de los 3.700 cerezos que tiene la ciudad regalados por Japón a principios del siglo XX es un espectáculo que atrae a más de 100.000 turistas, especialmente estadounidenses. La verdad es que vale mucho la pena, ya que el paisaje, sobretodo en el Mall y las zonas ajardinadas, es precioso. Además, las temperaturas en esta época del año son muy agradables.
4) Monumentos gratis: Una de las características principales de la capital de los Estados Unidos es que casi la totalidad de sus monumentos y museos tienen entrada gratuita. Eso implica que el gasto del viaje se reduce considerablemente. Sí que recomiendo reservar por internet la visita al mirador del Washington Memorial, ya que en el mismo día es imposible encontrar plazas. En el Capitolio, es interesante hacer la visita guiada (en inglés), totalmente gratuita y de una hora de duración. Por cierto, las visitas a la Casa Blanca son casi inviables para los extranjeros, ya que se necesita el permiso explícito de un Gobernador de Estado para poder entrar.

Lincoln Memorial

Lincoln Memorial

5) Georgetown histórico: Este barrio un poco alejado del centro bien merece una tarde. La casas, tiendas y restaurantes permiten respirar un aire más elegante y tranquilo. Un paseo interesante para salir de la ruta típica de los monumentos del Mall.
6) AirBnB como opción: El elevado precio de los hoteles en Washington, especialmente en esta época con un cambio malo de euros a dólares, abren la opción de utilizar la comunidad AirBnB. Muy frecuente entre los norteamericanos, la verdad es que fue una gran experiencia para nosotros. Estuvimos situados en el moderno barrio de NoMa, en un apartamento de lujo por un precio imposible de encontrar en un hotel.
7) Pagar con tarjeta: Casi todos los establecimientos y restaurantes permiten el pago con tarjeta de crédito. Es muy recomendable llevar pocos dólares en efectivo, ya que el mejor cambio para el turista europeo se consigue pagando con tarjeta.

Cementerio de Arlington

Cementerio de Arlington

8) Cementerio de Arlington: Una visita obligada es la de este cementerio, que alberga más de 400.000 tumbas de militares, veteranos y sus familiares directos. Se trata de un espacio emocionante e histórico, con vistas a la ciudad y donde se celebra la ceremonia del cambio de guardia en el Monumento al Soldado Desconocido. Entre los meses de octubre a marzo se hace cada hora, mientras que entre abril y septiembre es cada 30 minutos.
9) Happy hour: Si se quiere comer y beber a buen precio sin necesidad de ir a un restaurante ‘fast food’ es muy interesante la típica ‘happy hour’. Entre las 16 y las 19 horas, muchos restaurantes y pubs ofrecen esta opción, con platos muy elaborados, copas de vino y degustación de cervezas a precios muy asequibles. Vale la pena la opción de cenar sobre las 18:30, habiendo hecho un buen ‘brunch’ a media mañana y ahorrarse así entre 15 y 20 dólares por persona.

Biblioteca del Congreso

Biblioteca del Congreso

10) Wifi gratis: A diferencia de la mayoría de ciudades de nuestro país, en Washington la mayoría de monumentos, restaurantes y locales disponen de wifi gratis y de alta velocidad. Incluso hay barrios como NoMa donde la conexión móvil en sus calles es excelente. Una gran opción para los extranjeros que no disponemos de acceso a los datos móviles en Estados Unidos.

La Casa Blanca

La Casa Blanca

En definitiva, un viaje más que recomendable por su interés cultural e histórico y por el ritmo amable con el visitante.

Gracias a las compañías aéreas de bajo coste del sureste asiático (os recomiendo especialmente Air Asia por su servicio, puntualidad y, sobretodo, precio) hacer una breve escapada a los impresionantes templos de Angkor Wat son una posibilidad a tener en cuenta si os encontráis por la región. Incluso si no lo teníais previsto. En nuestro reciente viaje a Tailandia, estuvimos pendientes del tiempo que hacía en el mar de Andamán para ir a las playas de Phi Phi. Como había previsión de lluvia, hicimos una escapada de dos días a Siem Reap y los magníficos templos de Angkor Wat. Aquí os dejo algunas recomendaciones si vais a ir a Camboya:

  • Para entrar en Camboya, necesitas una fotografía de carnet (si no la llevas, te hacen pagar 1$ en la aduana) y pagar 20$. Para salir del país no hay que pagar nada.

    Angkor Wat (Camboya)

    Angkor Wat (Camboya)

  • En Siem Reap, la mayoría de hoteles ofrecen un servicio gratuíto de ‘tuk tuk’ que te viene a buscar al aeropuerto y te vuelve a llevar cuando haces el ‘check out’. Hay que avisar del vuelo y la hora de llegada y te esperan a la salida de la terminal con un cartel con tu nombre.
  • Si tenéis previsto ver los templos de Angkor, es muy recomendable buscar un hotel con piscina (se encuentran de muy decentes por precios que rondan los 12€ la noche); se agradece después de una larga jornada de visitas.
  • En nuestro viaje a Siem Reap, tuvimos varios problemas en la reserva del hotel. Nos quejamos, de manera educada pero firme, y nos devolvieron parte del dinero que habíamos pagado. Si el hotel o el servicio que habéis contratado es de un cierto nivel tenéis que reclamar si algo no ha funcionado correctamente; son conscientes que se trata de mucho dinero para el país y entienden que puedas ser exigente.

    Angkor Thom (Camboya)

    Angkor Thom (Camboya)

  • Los extranjeros pagan en dólares y no en la moneda local. Eso conlleva que en la mayoría de casos los precios de la comida, el transporte o cualquier servicio llegue a ser más caro que en Europa. No hay que tener vergüenza en regatear.

En líneas generales, los camboyanos son muy amables y sonrientes, pero la gente que trabaja en el sector turístico está descubriendo el poder del dinero y te puedes encontrar casos en que intenten engañarte para conseguir más dólares. Simplemente, hay que estar atento.