Ruta de 15 días por Japón en agosto

Seguramente viajar a Japón en agosto no es la mejor opción, pero en nuestro caso no teníamos alternativa. El calor es sofocante y pasear por las ciudades se convierte en un reto diario. A pesar de eso, un viaje al país del sol naciente es una experiencia única que queríamos vivir.

La ruta de 15 días por Japón la teníamos más o menos clara, pero nos dejamos un par de días de margen para poder añadir nuevos destinos durante el viaje. La entrada al país la hicimos por Tokio y la salida por Osaka, una elección que recomendamos, ya que permite empezar por la gran ciudad y acabar con un ritmo de viaje más tranquilo, además de ahorrarnos el retorno a la capital.

1- Tokio: Shinjuku
2- Tokio: Akihabara, Asakusa, Skytree
3- Tokio: Tsukiji, Ginza, Shibuya
4- Tokio: Yoyogi, Omotesando, Roppongi
5- Tokio: Ueno
6- Hakone: Monte Fuji
7- Takayama
8- Takayama – Shirakawa-go
9- Himeji – Kunachiki
10- Hiroshima – Miyajima
11- Kioto: Arashiyama
12- Nara – Fushimi Inari
13- Kioto: Kiyomizudera, Gion, Kawaramachi
14- Kioto: Rokuon-ji, Palacio Imperial
15- Osaka

1- LLEGADA A TOKIO: SHINJUKU

Después de 16 horas de viaje, llegamos al aeropuerto de Tokio Haneda. Pasamos los controles pertinentes y compramos la Suica, una tarjeta recargable que permite usar la red de transporte público de Tokio y varias ciudades del país. Hay que pagar 500 yenes de depósito e ir recargándola a medida que se van haciendo trayectos.

Estábamos alojados en un apartamente de AirBnB en el moderno barrio de Shinjuku, donde está la estación de metro más concurrida del mundo. ¡Una auténtica locura! Después de dejar el equipaje, nos fuimos a cenar a Yakitori Alley, un barrio donde la especialidad son los pinchos tradicionales japoneses; muy recomendable para ver los diminutos restaurantes típicos del país y poder comer al estilo local.

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Barrio de Shinjuku en Tokio

Ya cenados, seguimos paseando por la zona más conocida de Shinjuku, con una vida nocturna muy movida. Allí está el barrio rojo, discotecas y el Robot Restaurant, una sala con espectáculo de robots. Descartamos ir por su elevado precio (8.000 yenes) aunque se ve que es una auténtica frikada japonesa.

2- TOKIO: AKIHABARA, ASAKUSA, SKYTREE

El barrio de Akihabara te muestra el Tokio que todos imaginamos; edificios llenos de carteles coloridos e iluminados, centros comerciales repletos de tecnología y música a todo trapo. La mejor opción es ir en domingo, ya que las calles se cortan al tráfico y pasear por ellas es una auténtica gozada. Además de encontrarte con muchísima gente, puedes tener la suerte de ver a ‘maids’ (chicas vestidas como niñas) y personas disfrazadas al más puro estilo manga.

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Barrio tecnológico de Akihabara en Tokio

Respecto a las compras en Akihabara, nosotros no coincidimos con una época de buen cambio yen-euro, por lo que en las tiendas Apple no nos valía la pena comprar nada. En cambio, las cámaras de fotos de las principales marcas japonesas estaban a un precio increíble, por lo que acabamos adquiriendo una Nikon a la mitad del precio que en España.

Como contraste absoluto, y muy cerca de Akihabara en metro, está el barrio de Asakusa, con calles peatonales, pequeñas tiendas de ropa tradicional japonesa y souvenirs típicos del país. Un paseo por sus calles te muestra la otra cara de la capital nipona. Vale la pena acercarse al Templo Sensoji y darse una vuelta por la calle Nakamise y alrededores.

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Vistas nocturnas de Tokio desde el Skytree

Para acabar el día, una caminata de media hora nos llevó hasta la espectacular torre Tokio Skytree, donde se tiene una visión de 360 grados de la metrópolis a 350 metros de altura. El precio es de 2.400 yenes (1.000 yenes más si se va por la cola rápida) pero es una experiencia que vale la pena, sobretodo si se llega al atardecer, cuando se puede tener vistas de día y de noche de la increíble Tokio.

3- TOKIO: TSUKIJI, GINZA, SHIBUYA

El archiconocido mercado de pescado de Tsukiji cierra sus puertas en noviembre de 2016, por lo que fuimos unos afortunados al poder visitar sus puestos antes del traslado a unas instalaciones más modernas. A partir de las 10 de la mañana se puede entrar al espacio donde se hacen las subastas de pescado. Alrededor de la lonja, hay un mercado con restaurantes, puestecitos de comida y souvenirs que valen la pena visitar.

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Antiguo mercado del pescado de Tokio

A unos minutos de camino se encuentra el exclusivo barrio de Ginza, la Quinta Avenida de Tokio. Las tiendas más caras y elitistas se encuentran en esta zona cerca de la enorme estación de Tokio. Justo al lado se encuentra Maruonochi, con el imponente Palacio Imperial, también llamado Castillo de Edo. Supuestamente tiene una parte abierta al público, pero nosotros lo encontramos cerrado.

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Castillo Edo en Tokio

Volvimos al apartamento a descansar y por la tarde fuimos al imperdible barrio de Shibuya. Además de tener enormes centros comerciales y una población más joven y moderna, es obligado como buen ‘guiri’ ver el paso de peatones más espectacular del planeta. Miles de personas pasan por allí cada hora; las fotos, vídeos y ‘time lapses’ desde todos los ángulos son una diversión fantástica en este lugar tan famoso.

4- TOKIO: YOYOGI, OMOTESANDO, ROPPONGI

Uno de los fiascos de Tokio fue no poder ver el Museo Ghibli. Situado en las afueras de la ciudad, descubrimos allí mismo que había que reservar las entradas con antelación en los comercios Lawson y que durante todo el mes de agosto las entradas estaban agotadas.

Nos repusimos visitando el gran parque Yoyogi, una buena opción para superar el intenso calor de Tokio en agosto. Dentro se encuentra el santuario sintoísta Meiji Jingu, rodeado por cerca de 100.000 árboles centenarios. Saliendo del parque se encuentra otra de las calles comerciales más conocidas de la ciudad: Omotesando. Gente joven, tiendas modernas y buen ambiente son las características de esta zona.

La opción nocturna de este cuarto día en Tokio fue Roppongi, uno de los barrios con más marcha de la capital. Después de cenar fuimos a un karaoke, una experiencia más que recomendable sobretodo si se viaja con amigos. Se paga una sala por horas y las bebidas van a parte. Además de pasarlo en grande es muy divertido espiar lo que hacen los japoneses en sus salas…

5- TOKIO: UENO

En nuestras vacaciones, el quinto día en Tokio cayó en domingo, por lo que decidimos volver a Akihabara a hacer nuestras compras de tecnología aprovechando que las calles del barrio se cierran al tráfico este día de la semana.

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Calles comerciales en el barrio Ueno en Tokio

Después nos dirigimos en metro al cercano barrio de Ueno, donde se encuentra uno de los parques más bonitos de Tokio. Allí se puede pasear por los pequeños templos y el espectacular estanque Shinobazu, donde sólo se ven nenúfares gigantes que cubren toda su superficie. Acabado el paseo, toca caminar por las calles de debajo la línea del metro, que tienen un montón de tiendas y bares.

6- HAKONE: MONTE FUJI

Activamos el Japan Rail Pass (JPR) de 7 días y cogimos nuestro primer Shinkansen, el fantástico y puntualísimo tren de alta velocidad de Japón. Hicimos parada en Odawara, a tan sólo 35 minutos de la estación de Tokio. Allí contratamos el Hakone Free Pass; por 4.000 yenes se pueden coger todos los transportes de la zona durante dos días. La verdad es que vale mucho la pena, ya que hay una ruta turística en la que coges funicular, teleférico, barco pirata (¡sí, un barco pirata!) y autobuses. Durante ese recorrido se puede ver el Monte Fuji en un par de localizaciones. Nosotros pudimos admirarlo, aunque la cumbre estaba cubierta por nubes.

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Moverse a toda velocidad en Japón con los trenes Shinkansen

Nos alojamos en el pequeño pueblo de Gora, en el más que recomendable Hakone Tent. Un albergue-ryokan regentado por un grupo de japoneses jóvenes y con un ambiente acogedor y modernillo que nos encantaron. Además cuenta con un ‘onsen’ (baño termal) privado incluido en el precio que es fantástico después de un largo día de turismo.

7- TAKAYAMA

Gracias a la extraordinaria red del JPR tardamos 4 horas en llegar de Odawara a Takayama, situada en los Alpes Japoneses. El trayecto de Nagoya a esta pequeña población es realmente espectacular, con las vías del tren pasando justo al lado de paisajes idílicos de montañas y ríos preciosos.

Takayama cuenta con un casco antiguo de película, con todas las casas del mismo estilo tradicional pintadas de negro. Además de comprar productos típicos de la zona, vale la pena probar el sake, especialidad de la ciudad. En los paseos por las calles de Takayama es una auténtico goce pararse en los mercados y alguno de sus numerosos museos.

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Pasear por las calles de Takayama, en los Alpes Japoneses

En nuestro viaje nos alojamos en un apartamento dentro de un ‘sento’, los baños públicos no-termales de Japón. Allí pudimos descubrir uno de los hábitos diarios de la población local, donde la higiene personal forma parte de la cultura más arraigada. También tuvimos la suerte de coincidir con un festival anual de fuegos artificiales al lado del tori del puente de Miyamae-bashi. Fue realmente espectacular.

8- TAKAYAMA – SHIRAKAWA-GO

Ir a Shirakawa-go es una excursión obligada desde Takayama. Existe la opción de contratar un tour organizado en la estación de autobuses, pero nosotros nos decantamos por visitar el pueblo por nuestra cuenta. En la misma estación se pueden comprar los billetes de ida y vuelta a Shirakawa-go por 4.200 yenes por persona. No es barato, pero merece mucho la pena. En 50 minutos se llega a esta población, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sus más de 140 construcciones tradicionales Ogi-machi, al estilo Gassho, son únicas en el mundo. Sus techos en forma triangular están hechos con hierba seca ‘kariyasu’ recogida en otoña. Cada 40 años aproximadamente se renuevan los techos gracias a la colaboración de todo el pueblo.

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Shirakawa-go, visita obligada desde Takayama

El entorno de Shirakawa-go es precioso. Desde el mirador se puede admirar la belleza del paisaje de este pequeño valle de los Alpes Japoneses. Todas las calles están bien cuidadas, con flores, estanques llenos de nenúfares y canales con peces. Un lugar idílico donde pasear tranquilamente y hacer una sesión de fotos única.

Después de esta excursión de medio día, es un buen momento para descubrir nuevos rincones de Takayama. Para cenar es muy recomendable probar la carne de ternera ‘hida’, típica de la región y extremadamente deliciosa.

9- HIMEJI – KUNACHIKI

Para evitar un larguísimo trayecto entre Takayama e Hiroshima, decidimos hacer dos cortas paradas en un mismo día aprovechando el JPR. Después de 4 horas de camino llegamos a Himeji, conocida por su histórico castillo. Situado muy cerca de la estación de tren, esta visita se puede hacer cómodamente en 3 horas, por lo que dejamos las maletas en las taquillas de la estación y nos dirigimos andando hacia el castillo, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

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Castillo de Himeji

El Castillo de Himeji es el más grande y antiguo de Japón, y la construcción de madera más alta del país. Fue construido hace 400 años y se caracteriza por su color blanco; de hecho es conocido como el “castillo de la grulla blanca”. La fortificación es espectacular y todos los detalles de su construcción lo convertían en un castillo casi inexpugnable. No es difícil hacer el recorrido por sus pasadizos, escaleras y jardines e imaginarse en la época feudal japonesa con ninjas y samurais en plena batalla.

Seguimos el camino hacia el oeste del país haciendo parada en Kurachiki, donde dormimos en un hotel al lado de la estación del tren. Antes, salimos a conocer las calles de “la Venecia japonesa”, como también es conocida esta ciudad. Todos los lugares de interés quedan cerca, por lo que un paseo al atardecer nos lleva a los bonitos canales llenos de puentes, carpas y árboles. El centro histórico es precioso, así como el pequeño monte con un hermoso templo y un cementerio que transmiten paz y tranquilidad. De vuelta al hotel, hay unas galerías repletas de bares, restaurantes y locales de ocio. La impresión general es que en esta ciudad el ambiente es muy relajado; parece que incluso las estrictas normas culturales japonesas son aquí menos exigentes.

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Canales venecianos en la histórica Kurachiki

10- HIROSHIMA – MIYAJIMA

Para llegar desde Kurachiki hasta Hiroshima con el Japan Rail Pass hay que hacer enlace o en Okayama o en Fukuyama. En una hora y cuarto de trayecto llegamos a la tan tristemente conocida ciudad de Hiroshima. Sus principales puntos de interés quedan muy cerca entre ellos y gracias al JPR el autobús turístico de la ciudad es totalmente gratuito, algo muy recomendable si se va durante el verano, ya que nos ahorra las caminatas a pleno sol.

La primera parada es en el castillo de Hiroshima, reconstruido después de la destrucción de la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial. Después de ver el castillo original de Himeji, decidimos no entrar, pero vale la pena acercarse. La siguiente visita es la mítica Cúpula de la Bomba Atómica, uno de los pocos edificios que se mantuvo en pie tras el lanzamiento de la bomba. Convertido en Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, impresiona entender el significado de esta construcción para la ciudad. Es muy recomendable sentarse unos minutos enfrente de la Cúpula, donde unos activistas anti-nucleares tienen unos dosieres con información sobre el lanzamiento de la bomba y qué llevó a los Estados Unidos a cometer esta atrocidad.

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Cúpula de la Bomba Atómica en Hiroshima

Justo cruzando el río, se llega al Parque Memorial de la Paz, con numerosos puntos de interés, como el Monumento de los Niños y la Paz, la Llama de la Paz (que sólo se apagará cuando desaparezcan las armas nucleares del planeta) y el Monumento en Memoria de las Víctimas de la Bomba Atómica. Respecto al Museo Conmemorativo de la Paz de Hiroshima, decir que nos pareció poco interesante, además de tener varias zonas cerradas por obras estaba increíblemente masificado de turistas.

Después de esta intensa visita matinal, tocaba reponer fuerzas y relajarse. Por eso decidimos ir de visita a la impresionante isla de Miyajima. Cogiendo el tranvía de la ciudad hasta la estación de Nishi-Hiroshima se puede coger el tren Japan Rail local (incluido en nuestro pase JPR) hacia la estación de Miyajima-guchi, donde se coge el ferry Japan Rail que en 10 minutos te lleva gratis hasta la isla de Miyajima. En este trayecto es un buen momento para admirar y fotografiar el impactante tori rojo rodeado de la belleza natural de la isla. Una vez desembarcados, paseamos por la costa donde nos encontramos con ciervos y templos que le dan todavía más magia al lugar. Compramos unas cervezas en uno de los súpers del pueblo y desde la playa enfrente del tori rojo pudimos contemplar una de las puestas de sol más impresionantes que se pueden ver. Vale la pena saborear este momento y esperar a la noche para disfrutar del monumento iluminado. El ferry de Miyajima funciona hasta más tarde de las 22 horas, por lo que el retorno a Hiroshima no tiene ninguna complicación. Aunque si se tiene la oportunidad de alojarse en la isla, merece la pena (nosotros no encontramos ningún hotel ni ‘ryokan’ disponibles en agosto).

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Puesta de sol en la isla de Miyajima

11- KIOTO: ARASHIYAMA

En dos horas de Shinkansen se hace el trayecto entre Hiroshima y Kioto, una de las perlas de Japón. La estación de Kioto es espectacular y también el centro del transporte de la ciudad. Nosotros nos alojamos en el barrio de Arashiyama, uno de los lugares imprescindibles para visitar aunque un poco alejado del centro.

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Puente de Arashiyama

En este barrio hay un casco antiguo precioso, justo después del puente de Arashiyama Koen. El paisaje alrededor de esta zona es maravilloso, con bosques, montañas y un río lleno de vida. Seguramente el lugar más mágico de Arashiyama, además de todos sus templos y parques, es el Bosque de Bambú. Situado muy cerca del centro del barrio, un breve paseo nos lleva hasta este espacio mítico de Japón. A mí me pareció más pequeño de lo que imaginaba, pero es sin duda un lugar para visitar.

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Bosque de bambú en Kioto

En el área de Arashiyama hay varios ‘onsen’; nosotros optamos por ir al más moderno de Sagano Tenzan no Yu. Es una de las grandes recomendaciones del viaje y una manera de entender la forma de vida de los japoneses. La higiene es fundamental dentro de la cultura del país y en los ‘onsen’ se puede comprobar de primera mano.

12- NARA – FUSHIMI INARI

Con las fuerzas recuperadas, arrancamos el día cogiendo el tren que en unos 40 minutos nos lleva hasta Nara. La que fuera también capital de Japón entre los años 710 y 784 bien merece una visita de mínimo medio día. Varios de sus edificios están declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y es muy divertido pasear por el Parque Nara rodeado de ciervos que vienen a pedirte comida constantemente. La experiencia de darles las galletas que venden los locales es casi obligada.

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Ciervos en el Parque de Nara

Si se visita Nara con el tiempo justo es recomendable ir a los tres templos más importantes. De camino al Kasuga Taisha hay cerca de 2.000 faros de piedra rodeados de naturaleza. Durante pocos días a mediados de agosto se encienden por la noche, creando un ambiente místico increíble. El segundo templo a visitar es el Todaiji, conocido por ser el edificio de madera más grande del mundo y por albergar un Gran Buda de enormes dimensiones. Finalmente, de camino de vuelta a la estación de tren, nos encontramos con el templo Kohfukuji, célebre por su hermosa pagoda.

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Templo Todaiji, la construcción de madera más grande del mundo

Desde el mismo Nara se puede coger un tren que dos estaciones antes de llegar a la estación central de Kioto nos deja justo enfrente del archiconocido templo de Fushimi Inari. Sus miles de toris rojos se convierten en el camino a seguir durante un recorrido de montaña de 4 quilómetros. Al principio se acumulan muchísimos turistas, pero el largo recorrido permite encontrar rincones únicos donde admirar el paisaje en solitario y hacer decenas de fotografías con estas estructuras de madera, patrocinadas por empresas que las compran e instalan para tener buena fortuna en sus negocios. Es interesante hacer la subida por el camino de los ‘toris’ rojos y bajar por la zona de pequeños templos familiares de piedra hasta la estación de tren.

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Miles de toris rojos en el templo Fushimi Inari

13- KIOTO: KIYOMIZUDERA – GION – KAWARAMACHI

Kioto es conocida especialmente por sus templos. Lo comprobamos con la visita al espectacular Kiyomizudera, un conjunto de construcciones sagradas situado en lo alto de una colina al este de la ciudad. A este templo se llega después de pasar por una calle de tiendas turísticas con bastante encanto. Una vez en Kiyomizudera se puede empezar el largo recorrido por sus diferentes edificios, todos ellos situados alrededor de una vegetación espectacular y con unas vistas impresionantes de Kioto. Seguramente el espacio más concurrido es el mirador de uno de sus templos, construido a 13 metros sobre el suelo con una estructura de madera en la que no hay un solo clavo. El recorrido por este templo tiene mucho encanto y merece la pena dedicarle unas 2 o 3 horas.

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Mirador en el Templo Kiyomizudera

Bajando de la colina llegamos a otro barrio con encanto de la ciudad: Gion. Supuestamente si se va a partir de las 17 horas puedes encontrarte con geishas que hacen de acompañantes a personas que van a cenar a los restaurantes más exclusivos de la zona. Nosotros no tuvimos la suerte de verlas, pero sí que pudimos disfrutar de un paseo fantástico por sus calles repletas de casas y restaurantes tradicionales.

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Restaurante tradicional en el barrio de Gion en Kioto

Muy cerca de Gion está la zona comercial de Kawaramachi, donde hay un montón de tiendas en sus galerías cubiertas. Se trata de una muy buena opción para comprar todos aquellos regalos y ‘souvenirs’ que todavía no tenemos para llevar de vuelta a casa.

14- KIOTO: ROKUON-JI – PALACIO IMPERIAL

Otra de las visitas obligadas a Kioto es el Pabellón Dorado, construcción espectacular situada dentro del Templo Rokuon-ji. Construido a finales del siglo XIV, se trata de unos jardines y edificios que buscaban representar la Tierra Pura de Buda en este mundo. De hecho, el entorno es de una belleza más que notable.

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Pabellón Dorado en Kioto, Patrimonio de la Humanidad

Cogiendo un autobús se llega fácilmente al Palacio Imperial, cerca también del Castillo de Nijo-jo. Kioto fue la capital de Japón durante cerca de 1.000 años, por lo que este palacio tiene mucha historia, a pesar de tratarse de una reconstrucción. Durante el paso de los siglos, los edificios de este complejo fueron quemados en diferentes batallas para conseguir el control del Imperio. A pesar de eso, es interesante una visita por este lugar, testigo de la historia de Japón.

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Ceremonia de los faroles flotantes en Kioto

En nuestro viaje tuvimos la suerte de estar el 16 de agosto en el barrio de Arashiyama, por lo que pudimos asistir en directo a la impresionante ceremonia de los faroles flotantes (tourou nagashi). De 19h a 21h se van lanzando faros encendidos de papel al río. Este evento es el punto final a unos días de recuerdo a los familiares muertos, el Obon. Según la tradición japonesa, estos faros sirven para despedir a los difuntos, rezar por las víctimas de todas las guerras y desear paz en el mundo. Fue un magnífico adiós a la ciudad histórica de Kioto.

15: OSAKA

En poco más de una hora en tren local se llega a la vecina ciudad de Osaka, última parada de este viaje increíble a Japón. Decidimos pasar la última jornada en un hotel cápsula situado cerca de la céntrica estación de tren de Namba. En el New Japan Capsule Hotel además teníamos un ‘onsen’ y spa donde pudimos relajarnos antes de explorar brevemente la ciudad.

De entrada Osaka nos pareció la ciudad más moderna y atrevida de las que habíamos visitado. En el barrio de Dotonbori había calles peatonales y galerías comerciales repletas de tiendas y restaurantes con carteles luminosos y música a todo trapo; la sensación de estar en la típica gran ciudad de Japón que te imaginas antes de visitar el país. Merece la pena perderse por las callejuelas y dejarse llevar por el bullicioso ambiente que se respira, especialmente por la noche.

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Skyline nocturno en Osaka, con el superfotografiado atleta de Glico

Muy cerca de la zona de Dotonbori se encuentra el área de American Mura, con bares y tiendas más transgresoras, casi de estilo ‘grunge’, que chocan con todo lo que habíamos visto hasta ese momento en Japón.

Dormir en el hotel cápsula se convierte en la última y sorprendente experiencia de este viaje inolvidable a un país que merece ser visitado en más de una ocasión. ¡Volveremos!

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